Arrugas y flacidez: qué tratamientos existen para rejuvenecer la piel sin cirugía

Los doctores Jorge Escribano, médico dermatólogo, y Berta Sierra, médica estética de Openderma Clínica Estética Dermatológica, explican cómo el diagnóstico personalizado y tratamientos como el ácido hialurónico o los inductores de colágeno permiten mejorar la piel respetando siempre la armonía natural del rostro.

 

¿Por qué aparecen las arrugas? ¿Es posible tratar la flacidez sin cirugía? ¿Qué tratamientos existen actualmente para mejorar el rostro sin perder naturalidad? En este vídeo, los especialistas de Openderma explican de forma clara cómo abordar el envejecimiento facial desde un diagnóstico médico personalizado, y qué opciones existen para mejorar la calidad de la piel.

La ciencia detrás de las arrugas y la flacidez

Las arrugas y la flacidez que aparecen con el paso del tiempo no son únicamente un cambio superficial de la piel. En realidad, reflejan transformaciones más profundas en las distintas capas que forman el rostro.

Tal y como explica el Dr. Jorge Escribano, médico dermatólogo, “la flacidez y las arrugas que vemos en la piel realmente son la traducción de algo que está ocurriendo en el interior de la piel”. La piel está compuesta por varias capas —epidermis, dermis y tejido graso— y por debajo de ellas se encuentran músculos, ligamentos y estructuras óseas que también cambian con el paso del tiempo.

“A partir de los 25 o 30 años disminuye mucho la producción de colágeno y de elastina, y eso hace que la piel se vaya adelgazando”, señala el especialista. Pero no solo la piel envejece: “con los años también se reducen otras partes de nuestra anatomía, incluso la estructura ósea. Con el paso del tiempo el hueso pierde volumen y tamaño, y al haber menos soporte aparecen arrugas, surcos y flacidez”.


Factores que aceleran el envejecimiento de la piel

Aunque la edad es un factor importante, no es el único responsable del envejecimiento facial. Existen factores externos, genéticos y también ambientales, que pueden acelerarlo.

“Quizá el más importante sea el sol”, explica el doctor Escribano. La radiación ultravioleta, junto con otros factores como el tabaco, la contaminación o los hábitos de vida, influyen directamente en la calidad de la piel.

Las personas fumadoras tienen más riesgo de presentar flacidez o manchas en la piel, y también influyen la alimentación, el estrés o la falta de descanso”, señala. Dormir las horas suficientes resulta clave, ya que durante la noche el organismo regenera tejidos, incluida la piel.

Los tratamientos médicos pueden mejorar el aspecto de la piel, pero los hábitos de vida siguen siendo fundamentales.

Dormir bien, hacer ejercicio, llevar una alimentación saludable y evitar el tabaco son factores clave para la calidad de la piel”, explica el Dr. Escribano. El estrés, por ejemplo, aumenta los niveles de cortisol y acelera la degradación del colágeno.


Sentirse bien con uno mismo

Más allá de la parte médica, los tratamientos estéticos también tienen un componente emocional importante.

Es muy importante que una persona esté contenta consigo misma”, afirma el Dr. Escribano. Muchas veces, cuando alguien se mira al espejo y siente que su imagen ya no refleja cómo se siente por dentro, decide acudir a un profesional para recuperar esa confianza.

Este paso puede darse a cualquier edad. “Puede ser una persona de 30 años o de 80; lo importante es sentirse mejor y recuperar ese bienestar personal”, añade.


Búsqueda de la causa

Uno de los errores más habituales en medicina estética es centrarse únicamente en una arruga concreta sin analizar qué la está provocando realmente.

Como explica el doctor Jorge Escribano, la diferencia entre rellenar una arruga y realizar un verdadero rejuvenecimiento facial es muy importante. “Cuando rellenamos una arruga estamos tratando algo muy concreto. Sin embargo, cuando hablamos de rejuvenecimiento facial partimos de un diagnóstico y de un tratamiento integral del rostro”, señala.

En muchos casos, una arruga visible no es el problema principal, sino la consecuencia de otros cambios en la estructura del rostro. Por ejemplo, una persona puede acudir a consulta preocupada por el surco nasolabial, o por la arruga del entrecejo. Si se rellena únicamente esa zona, la arruga puede desaparecer, pero el rostro puede seguir mostrando signos de flacidez o pérdida de volumen.

Si tratamos solo la arruga, seguirá siendo una persona con flacidez, pero con una arruga rellena”, explica el especialista.

Por eso, en muchos casos el tratamiento se dirige a la causa que ha provocado esa arruga. Un ejemplo frecuente es la pérdida de volumen en la zona del pómulo. Al recuperar ese soporte mediante un tratamiento adecuado, la piel se reposiciona y muchas arrugas o surcos se suavizan de forma natural.

A veces tratamos la causa del problema —por ejemplo, reforzando el pómulo— y la arruga mejora por sí sola, sin necesidad de rellenarla directamente”, apunta.


Remodelación facial: equilibrio y naturalidad

Uno de los conceptos clave en medicina estética moderna es la remodelación facial, que busca recuperar volúmenes y mejorar el contorno del rostro respetando siempre la armonía de cada paciente.

La remodelación facial consiste en devolver a la cara los volúmenes y el contorno que se han perdido fruto del paso de los años, pero sin cambiar la armonía personal de cada paciente”, explica el doctor.

Este enfoque no se limita únicamente al rejuvenecimiento. También puede aplicarse en personas jóvenes como un tratamiento de embellecimiento que mejore proporciones o resalte ciertos rasgos faciales.


El ácido hialurónico, un aliado clave

Entre los tratamientos más utilizados destaca el ácido hialurónico.

El ácido hialurónico nos permite tratar distintos aspectos del envejecimiento de la piel: arrugas, surcos, pérdida de volumen o incluso mejorar la hidratación”, explica el Dr. Escribano.

Dependiendo de su densidad, puede utilizarse a diferentes niveles de la piel. Los más densos se aplican en capas profundas para recuperar volúmenes, mientras que otros más fluidos se emplean para mejorar la calidad cutánea o estimular la producción de colágeno.

Además, existen otros tratamientos que estimulan la síntesis de colágeno, a los que llamamos inductores de colágeno como: la hidroxiapatita cálcica, el ácido poliláctico o el plasma rico en plaquetas.


¿Es necesaria la cirugía para tratar la flacidez? El Dr. Escribano responde

La cirugía no es la única opción para tratar la flacidez. De hecho, en muchos casos se utilizan técnicas no quirúrgicas combinadas.

En la mayoría de las ocasiones tratamos la flacidez sin cirugía, utilizando ácido hialurónico, inductores de colágeno o tecnologías como ultrasonidos focalizados de alta intensidad (HIFU) o radiofrecuencia con agujas”, explica el dermatólogo.

Estos tratamientos permiten tensar los tejidos y mejorar la estructura del rostro de forma progresiva y natural.


El miedo más frecuente: parecer artificial

Uno de los mayores temores de los pacientes es perder la naturalidad. Menos es más.

Muchos pacientes tienen miedo de quedar artificiales, y por eso lo más importante es ponerse en manos de un profesional que diagnostique correctamente y entienda que menos es más”, afirma el Dr. Escribano.

Los tratamientos deben ser conservadores y adaptados a cada persona. “No se trata de que alguien de 50 años parezca de 30, sino de verse mejor que otras personas de su misma edad”, añade.


La importancia de escuchar al paciente

La Dra. Berta Sierra, médica estética, destaca que el primer paso siempre es escuchar al paciente y comprender qué le preocupa realmente.

Lo más importante cuando un paciente llega a la consulta es preguntarle qué le pasa y cuál es su percepción”, explica. A partir de ahí se realiza una valoración completa y se proponen diferentes opciones de tratamiento.

En muchos casos se combinan técnicas para mejorar la piel de forma global. “Podemos tratar una mancha concreta con láser, pero también hacer un tratamiento integral de la piel con luz pulsada, peelings, antioxidantes o hidratación”, señala.


¿A qué edad se recomiendan los tratamientos estéticos?

Una de las dudas más frecuentes entre los pacientes es a partir de qué edad pueden realizarse tratamientos de medicina estética. Según explica el doctor Jorge Escribano, no existe una edad concreta universal, ya que cada caso debe valorarse de forma individual. “No recomiendo este tipo de tratamientos en menores de 18 o 20 años”, señala el dermatólogo.

En cualquier caso, tampoco existe un límite máximo de edad. “Tenemos pacientes de más de 80 años que simplemente quieren sentirse mejor consigo mismos y mejorar su calidad de vida”, explica.

Para el especialista, lo importante no es la edad, sino el bienestar de la persona. “La edad es relativamente poco importante. Lo fundamental es escuchar al paciente y valorar su caso de forma individual”, afirma. Además, el impacto emocional de estos tratamientos puede ser significativo. “Es muy satisfactorio ver cómo un paciente se siente mejor cuando se mira al espejo. En ocasiones incluso se emocionan, y esa es una de las mejores recompensas que puede tener un médico”, añade.


Elegir el producto adecuado y evitar resultados artificiales

Otro de los aspectos clave en medicina estética es la correcta elección de los productos y de la técnica utilizada. “El error más común es utilizar productos inadecuados en planos inadecuados y en cantidades inadecuadas”, advierte.

Un ejemplo habitual se encuentra en el tratamiento de las ojeras con ácido hialurónico. Si el producto se inyecta demasiado superficialmente, puede absorber agua y provocar el conocido como ‘Efecto Tyndall’, que da lugar a una coloración azulada y a una ligera elevación de la zona.

Algo similar puede ocurrir en otras áreas del rostro, como los labios, donde el exceso de producto puede generar resultados poco naturales. “A veces influyen también las modas, y hay pacientes que piden tratamientos que realmente no necesitan”, señala el dermatólogo. En estos casos, el especialista considera esencial actuar con honestidad profesional. “Hay que ser capaz de decirle a un paciente que ese tratamiento no lo necesita o que incluso podría ser perjudicial”, explica. “Lo que queremos es que el paciente siga siendo él mismo. Debe haber movimiento y naturalidad”, apunta.

Asimismo, el especialista recomienda elegir siempre productos de calidad y aplicarlos de forma progresiva. “No siempre el producto más caro es el mejor, pero sí es importante que esté aprobado por organismos reguladores como la FDA. Además, los tratamientos pueden planificarse y realizarse poco a poco, no es necesario hacerlo todo en una sola sesión”, concluye.


Un diagnóstico personalizado y seguro

Para ambos especialistas, el éxito de cualquier tratamiento reside en el diagnóstico personalizado y en la seguridad del paciente.

Lo primero que le diría a cualquier paciente es que venga a consulta, que nos cuente qué le preocupa, qué le gustaría mejorar y también cuáles son sus miedos”, explica. A partir de esa conversación inicial, el especialista valora si el tratamiento que la persona tiene en mente es realmente el más adecuado para su caso, sin presiones.

Estamos trabajando en zonas donde hay vasos sanguíneos, nervios y estructuras muy delicadas. No se trata solo de mejorar la apariencia, sino de hacerlo siempre con total seguridad”, señala.

Por eso, su mensaje final es claro: acudir a profesionales médicos formados, resolver todas las dudas antes de comenzar y tener siempre claro el motivo por el que se desea realizar el tratamiento.

Cuando un paciente se siente escuchado, entiende lo que se va a hacer y el resultado le ayuda a verse y sentirse mejor, es cuando realmente este tipo de tratamientos tiene sentido”.

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