El cáncer de piel es una enfermedad donde aparecen células malignas a partir de diferentes estructuras de la piel. Los cánceres de piel más frecuentes son el carcinoma basocelular o basalioma y el carcinoma epidermoide o espinocelular; ambos se asocian con exposición solar crónica a lo largo de los años, que produce un daño acumulativo en nuestra piel (“la piel tiene memoria”). El cáncer de piel tipo melanoma, por el contrario, se asocia más con quemaduras solares, es decir, con exposiciones agudas e intermitentes al sol, sobre todo ocurridas durante la infancia o juventud. Aunque, por fortuna, el melanoma no es tan común como el carcinoma basocelular o el carcinoma espinocelular, el cáncer de piel tipo melanoma puede ser mucho más grave y comprometer con más frecuencia la vida del paciente. La buena noticia es que el melanoma se trata mucho mejor cuando se detecta pronto, hasta el punto de que con un diagnóstico precoz, se puede curar definitivamente. Los signos más importantes de alarma, que nos orientan a la posible malignidad de un “lunar” y que, por tanto, deben ser motivo de consulta dermatológica siguen el acrónimo ABCAsimetría, Bordes irregulares, Coloración heterogénea (ver apartado “nevus”). No obstante, hay melanomas amelanóticos, es decir, sin pigmentación marrón o negra, que son más difíciles de diagnosticar.

El cáncer de piel es más común entre las personas de piel clara, y suele aparecer en zonas anatómicas con mayor exposición al sol como la cara, la espalda, las piernas o el dorso de las manos. El signo más común del cáncer de piel es un cambio en el aspecto de ésta, desde una pequeña herida que no se cura tras varias semanas o meses hasta un “lunar” que ha cambiado de aspecto (color, tamaño…) o que empieza a picar o sangrar. Afortunadamente, no todos los cambios en un lunar van a ser cáncer, pero es recomendable ver al dermatólogo cuando los note. La dermatoscopia es un sistema óptico usado por muchos dermatólogos, que facilita el control y seguimiento de los nevus, sin necesidad de extirparlos, y la prevención del melanoma mediante la detección precoz de nevus atípicos, es decir, lunares que tienen más tendencia a malignizarse.

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