Las estrías de distensión son como “desgarros” en la dermis que dan lugar a franjas o líneas inicialmente rojizas y posteriormente blanquecinas o nacaradas, como una cicatriz atrófica. Las estrías se relacionan con cambios más o menos rápidos de peso o volumen corporal, como ocurre con el embarazo, con la adolescencia, con el uso crónico de corticoides tópicos, y con algunas enfermedades. Las localizaciones más frecuentes son las mamas, el abdomen, sobre todo la zona periumbilical, la cintura pélvica y las caderas, la zona glútea, los muslos y los brazos. Para el tratamiento de las estrías se puede emplear todo un arsenal terapéutico que incluye desde las simples cremas con extracto de centella asiática o con retinoides tópicos, hasta peelings médicos, “rollers” dermatológicos, láser de colorante pulsado (para las estrías de color rojizo) y láser fraccionado (para las estrías blanquecinas), con el fin de estimular la síntesis de nuevo colágeno y de remodelar el colágeno ya existente. Con estos tratamientos conseguimos disminuir la anchura y profundidad de la estría, difuminarla y mejorar su color y textura, de modo que se disimula mucho su aspecto inestético.

Se pueden realizar sesiones quincenales o mensuales, evitando los meses de verano para prevenir manchas por el sol. Se trata de procedimientos no dolorosos, cómodos de realizar en la consulta y que, aunque pueden producir algo de mayor rojez durante unos días, no alteran la vida cotidiana del paciente. Para seleccionar el tipo de tratamiento más adecuado a cada paciente es necesario valorar su tipo de piel, la zona a tratar, el tipo e intensidad de estrías, así como la vida que realiza, con el fin de no sólo tratar y mejorar las estrías ya existentes, sino de prevenir la aparición de nuevas estrías.

Las cicatrices faciales habitualmente son secundarias a un acné inflamatorio severo, pero también pueden estar causadas por quistes infectados, lesiones de varicela, traumatismos o cirugía previa. En ocasiones, la manipulación indebida de lesiones de acné puede acabar en cicatrices inestéticas. Las cicatrices pueden ser aplanadas, deprimidas o bien hipertróficas y sobreelevadas. En algunas ocasiones, sobre todo en pieles más oscuras, las cicatrices pueden ser hiperpigmentadas, aunque también pueden ser rojizas o blanquecinas.

Afortunadamente, las cicatrices tienen diferentes tratamientos tanto médicos como quirúrgicos y estéticos, aunque no todos son igual de efectivos, ni todas las pieles responden igual. Según el color, tamaño y profundidad de las cicatrices, y según otros factores, como la localización anatómica o la edad del paciente, varía el tratamiento de las cicatrices que, de menos a más invasivo, puede ser: cremas con distintos principios activos (retinoides, corticoides…), geles o apósitos de silicona, peelings médicos químicos de profundidad variable, microdermoabrasión, inyecciones de colágeno o de ácido hialurónico más o menos reticulado, y métodos quirúrgicos, como la subcisión, la elevación con sacabocados o punch, los láseres ablativos, la cirugía ablativa, los rellenos con grasa autóloga o la dermoabrasión quirúrgica. Una buena opción terapéutica y que no altera la vida cotidiana de los pacientes es el uso de láseres fraccionados y semiablativos, combinados o no con peelings químicos y físicos que, de forma progresiva, van atenuando y rellenando o aplanando, según el caso, las cicatrices del paciente. Cuando las cicatrices son recientes o tienen rojeces y telangiectasias (pequeños vasitos sanguíneos) pueden mejorar notablemente con el uso de láser de colorante pulsado. A veces, según la época del año y la exposición solar, hay que elegir entre rellenos dérmicos y peelings o distintos láseres dermatológicos.

Con frecuencia, el éxito terapéutico depende de la combinación de estos tratamientos. Su dermatólogo le explicará cuál es la terapia que mejor se adapta a su problema y tipo de piel, así como la protección solar recomendada.

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