Las alteraciones de la piel en los niños con frecuencia son distintas a las de los adultos y requieren un enfoque y tratamiento diferente (dermatitis atópica, dermatitis plantar juvenil, angiomas, molluscum contagioso, verrugas, hongos…). Determinadas afecciones cutáneas son más frecuentes en niños y, en ocasiones, son tan severas que es preciso plantear tratamientos más efectivos que las simples cremas o pomadas, preferiblemente por un dermatólogo con experiencia en su manejo. Así ocurre con la dermatitis atópica, que puede llegar a afectar, sobre todo en países desarrollados, a más de un tercio de la población infantil.

Algunas enfermedades víricas como los molluscum contagiosos, que se manifiestan como pequeñas verruguitas color carne con un punto central ligeramente hundido, se pueden propagar con facilidad entre distintos niños o extenderse por la piel del mismo niño que la padece, por lo que es fundamental diagnosticarlas correctamente y tratarlas lo antes posible, para evitar su diseminación. Para tratar los molluscum, en ocasiones,el dermatólogo puede recurrir a pequeños procedimientos de cirugía, como la criocirugía.

En cuanto a las verrugas vulgares, ocasionadas por varias cepas del virus del papiloma humano, cuando son rebeldes a los tradicionales queratolíticos tópicos a base de ácido láctico y ácido salicílico, es preciso emplear otros métodos más invasivos, como el nitrógeno líquido o el láser. En ocasiones se usa anestesia tópica y/o local antes de estos tratamientos, pero con mucha frecuencia no es necesario.

Los angiomas pueden tratarse de forma conservadora o, si comprometen estructuras vitales, como el globo ocular, debemos ser un poco más agresivos en el tratamiento, por ejemplo usando propanolol. En ocasiones, tanto para el tratamiento de los angiomas como de las malformaciones vasculares, recurrimos al tratamiento con láser vascular.
Otras enfermedades dermatológicas, como distintos tipos de alopecia, también puede afectar a los niños, sobre todo en edad escolar. Así ocurre, por ejemplo, con la alopecia areata o las infecciones por hongos (tiña) en el cuero cabelludo que pueden hacer que se caiga el pelo, habitualmente de forma localizada.

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